jueves, 3 de julio de 2014

HISTORIA FANTÁSTICA

HISTORIA FANTÁSTICA Marco Denevi
Cuenta fray Jerónimo de Zúñiga, capellán de la prisión del Buen Socorro, en Toledo, que el 7 de junio de
1691 un marinero natural de las Indias Occidentales, de nombre Pablillo Tonctón o Tunctón, de raza
negra, condenado al auto de fe por brujo y otros crímenes contra Dios, se evadió de la cárcel y de ser quemado vivo
pidiendo a sus guardianes, tres días antes de marchar a la hoguera, una botella y los elementos necesarios para
construir un barco en miniatura encerrado dentro del frasco.
Los guardianes, aunque el tiempo de vida que le quedaba al reo era tan breve, accedieron a sus deseos. Al cabo de
los tres días el diminuto navío estaba terminado en el interior del vidrio.
La mañana señalada para la ejecución del auto de fe, cuando los del Santo Oficio entraron en la celda de Pablillo Tonctón,
la encontraron vacía lo mismo que la botella. Otros condenados que aguardaban su turno de morir afirmaron que la noche anterior habían oído un ruido como de velas, chapoteo de remos y voces de mando.

NADA SATISFACE AL RESENTIDO

NADA SATISFACE AL RESENTIDO Marco Denevi
Jesús ama tiernamente a Judas. Lo elige corno uno de sus discípulos. Judas tuerce la boca, piensa:
"Por algo me eligió. Algún interés esconde". Jesús lo nombra tesorero de los apóstoles. Judas masculla:
"Me nombra tesorero para tenerme todo el día ocupado mientras él se luce haciendo milagros".
Jesús le permite que haga dos o tres milagros. Judas le contesta que él no tiene por qué imitar a nadie.
Judas anda con el ceño fruncido y la cara desencajada en una mueca de mal humor. Nada le cae bien.
Todo es un pretexto para desencadenar interminables discusiones. La popularidad de Jesús lo irrita.
Finge temer por su suerte y le aconseja desistir de su campaña de agitación social, pero lo quebusca es sabotearlo.
En vista de que Jesús sigue haciendo proselitismo lo denuncia a la autoridad con la excusa de que así lo salva de males
mayores. Cuando Jesús resucita, Judas no aguanta más y se suicida.

EL ORIGEN DE LA GUERRA

EL ORIGEN DE LA GUERRA Marco Denevi
Un lugar solitario al pie de los muros de Troya. Entran por distintos lados MENELAO y ELENA.
-¡Detente!
-¿Quién eres?
-¿No me reconoces?
-No. Y quítate del paso . Me aguardan mis camaradas. El combate se ha reanudado alrededor del
cadáver de Patroclo.
-Soy Elena, tu mujer. Ahora me llaman Elena de Troya.
-Troya, Troya. Hace diez años que la sitiamos.
-Porque hace diez años Paris me raptó y me trajo aquí. ¿No recuerdas?
-Pero hoy tomaremos la ciudad.
-Te diré, jamás me acosté con Paris. Con otros puede ser. Pero jamás con Paris. Estoy
pura ante tus ojos
-¿Oyes? Ese que gritó es Aquiles. La muerte de Patroclo le sacudió la modorra. ¡Y yo aquí
perdiendo el tiempo!
-La familia de Paris no desperdiciaba oportunidad para humillarme. La madre nunca me
dirigió la palabra. Y las hermanas para qué contarte. Odiosas como todas las cuñadas.
-Nuestras fuerzas se han concentrado en un punto estratégico. La tierra se estremece bajo
los carros lanzados a la carrera. El bosque de lanzas hace oscurecer la luz del sol alrededor de
las murallas. ¡Sublime espectáculo!
-El único amable conmigo ha sido Héctor.
-¿Héctor? Ese es otro que tiene las horas contadas. Mató a Patroclo y Aquiles se la juró.
-Pero yo me di mi lugar. Cuando comenzó el sitio de Troya me encerraron en mi
dormitorio. Ahora, aprovechando la confusión, pude escapar.
-Nadie escapará. Troya está irremisiblemente perdida. Tenemos veinte mil soldados,
trescientos carros de asalto y, por si fuera poco, tenemos el caballo de Troya.
-Pude escapar y aquí estoy. Ya no necesitas seguir combatiendo.
-¿Qué dice esta insensata? Debemos vengar la muerte de Patroclo.
-Qué te importa Patroclo. Es asunto de Aquiles. La guerra se hace por mí. ¿No te acuerdas? Paris me raptó y entonces tu...
-¿Yo? ¿Qué tiene que ver conmigo toda esa historia de Paris y de tu rapto?
-Cómo, qué tiene que ver. Soy Elena.
-¿O te enviaron los troyanos para que me distraigas con tu cháchara?
-¡Soy tu esposa!
-Basta de cacareos. Debo ir a combatir.
-Combates para rescatarme. Y aquí me tienes. Se terminó la guerra.
-Esta mujer se ha vuelto loca. Miren si una guerra que ya dura diez años la vamos a hacer por una muñequita como tú.
-Y entonces. ¿Por qué la hacen, puedes decirme?
-¿Por qué? Ya no me acuerdo. Tampoco interesa. Una vez comenzada, la guerra se justifica por sí misma. No hay que buscarle excusas.
-Pues bien, te lo diré yo. Cuando Paris me raptó...
-Y dale con Paris. Paris está muerto.
-¿Muerto? Vaya, y era hermoso ese babieca. ¡Paris está muerto pero yo estoy viva!
-Suéltame.
-No te soltaré. No dejaré que te maten como a Patroclo.
-¡Suéltame, te digo! Mis camaradas me esperan.
-Yo te esperé diez años.
-¿Quieres convertirme en un desertor?
-¿Y tú a mí en una pobre viuda?
-¡Apártate!
-¡Abrázame, Menelao!
-¡Déjame pasar!
-¡Bésame!
Los dos gritan y forcejean rabiosamente. Hasta que él la mata de un lanzazo. ELENA
cae con una gran mímica teatral. MENELAO salta por encima del cuerpo de ELENA y,
antes de salir, se detiene, mira el cadáver.
-Me parece haber visto esa cara, alguna vez, hace ya mucho tiempo. Pero ya no
recuerdo. ¿Elena? ¿Quién podrá ser esta Elena? Quizás alguna espía troyana. Por algo se
llamaba Elena de Troya. Hice bien en matarla.
Se va blandiendo la lanza. Y en tanto el ruido de las armas crece, en tanto el cielo arde
con el fuego de los incendios y las murallas vacilan y las torres se hunden, ELENA duerme
plácidamente boca arriba.

GOBERNANTES Y GOBERNADOS

GOBERNANTES Y GOBERNADOS  Marco Denevi
Por las noches el Gran Tamerlán se disfrazaba de mercader y recorría los barrios bajos de la
ciudad para oír la voz del pueblo.
Él mismo les tiraba de la lengua.
-¿Y el Gran Tamerlán? -preguntaba-. ¿Qué opináis del Gran Tamerlán?
Invariablemente se levantaba a su alrededor un coro de maldiciones y de rabiosas quejas. El mercader sentía que la cólera del pueblo se le contagiaba. Arrebatado por la indignación, añadía sus propios denuestos, revelaba un
odio feroz contra el gobierno.
A la mañana siguiente, en su palacio, el Gran Tamerlán se enfurecía. ¿Sabe toda esa chusma -pensaba- qué es
manejar las riendas de un imperio? ¿Creen esos granujas que no tengo otra cosa que hacer sino ocuparme de sus minúsculos intereses, de sus chismes de comadres? Y se dedicaba a los intrincados problemas oficiales.
Pero a la noche siguiente el mercader volvía a oír las pequeñas historias de atropellos, arbitrariedades, abusos de la
soldadesca, prevaricatos de los funcionarios, deshonestidades de los cobradores de impuestos, y de nuevo hacía causa común con el pueblo.
Al cabo de un tiempo el mercader organizó una conspiración contra el Gran Tamerlán. Su astucia, su valor, su
conocimiento del arte de la guerra lo convirtieron en el jefe de la conjura y en el líder del pueblo.
Pero el Gran Tamerlán le desbarataba, desde su palacio, todos los planes revolucionarios, a menudo a duras
penas y con gran sacrificio de soldados.
Este duelo se prolongó durante varios años. Hasta que el pueblo, harto de fracasos, sospechó que el mercader
en realidad era un agente provocador a sueldo del Gran Taberlán y lo mató en una oscura taberna, a la misma hora
en que los dignatarios de la corte, sospechando que el Gran Tamerlán ya no tenía agallas para vencer a sus enemigos,
lo asesinaban en su vasto lecho.

POST COITUM NON OMNIA

POST COITUM NON OMNIA ANIMAL TRISTE , Marco Denevi
-El padre de Melibea: ¡Desdichada, te dejaste seducir por Calixto! ¿No pensaste que
después sentirías rabia, vergüenza y hastío?
-Melibea: nosotras las mujeres sentimos la rabia, la vergüenza y el hastío no después sino antes.

EL MAESTRO TRAICIONADO . Marco Denevi

EL MAESTRO TRAICIONADO . Marco Denevi
Se celebraba la última cena.
-¡Todos te aman, oh Maestro! -dijo uno de los discípulos.
-Todos no -respondió gravemente el Maestro-. Conozco a alguien que me tiene envidia y
que en la primera oportunidad que se le presente me venderá por treinta dineros.
-Ya sé quién es -exclamó el discípulo-. También a mí me habló mal de ti.
-Y a mí -añadió otro discípulo.
-Y a mí, y a mí dijeron todos los demás. Todos, menos uno que permanecía silencioso.
-Pero es el único -prosiguió el que había hablado primero-. Y para probártelo diremos a
coro su nombre sin habernos puesto previamente, de acuerdo.
Los discípulos, todos, menos aquel que se mantenía mudo, se miraron, contaron hasta tres
y gritaron el nombre del traidor.
Las murallas de la ciudad vacilaron con el estrépito, porque los discípulos eran muchos y
cada uno había gritado un nombre distinto.
Entonces el que no había hablado salió a la calle, y libre de remordimientos, consumó su
traición.