jueves, 30 de octubre de 2014

ESTARÉ ESPERANDO R Chandler

RAYMOND CHANDLER (1888-1959)

 

Era la una de la madrugada cuando Carl, el portero nocturno, apagó la última de las tres lámparas de mesa del vestíbulo principal del hotel Windermere. El azul de la alfombra se oscureció un par de tonos y las paredes retrocedieron hasta hacerse distantes. Las sillas se llenaron de sombras perezosas. Los recuerdos colgaban como telarañas en los rincones.

Tony Reseck bostezó. Ladeó la cabeza y escuchó la frágil, nerviosa música que salía de la sala de radio situada detrás del pequeño arco en que terminaba el vestíbulo. Frunció la frente. Aquella debería ser su sala de radio, a partir de la una de la madrugada. Nadie debería estar en ella. Aquella pelirroja le destrozaba las noches.

Desapareció el fruncimiento y una sonrisa en miniatura se le dibujó en las comisuras de la boca. Aflojó los músculos. Era un hombre de edad madura, bajito, pálido, barrigón, de largos y delicados dedos ahora asidos al diente de alce de la cadena de su reloj; dedos largos y delicados, de ilusionista, dedos de uñas brillantes, bien perfiladas, de afiladas falanges inferiores, dedos de extremos un tanto espatulados. Dedos hermosos. Tony Reseck se frotó las manos con dulzura. Había una paz en sus tranquilos ojos grisáceos.

El fruncimiento volvió a su rostro. La música le molestaba. Se levantó con singular agilidad, de un solo movimiento, sin apartar las manos de la cadena del reloj. Sentado con sosiego en determinado momento, al siguiente ya estaba erguido, aplomado sobre los pies completamente inmóvil, tanto, que el movimiento de levantarse lucía como una acción imperfectamente percibida, como un error visual.

Empezó a caminar pisando delicadamente la alfombra azul con sus zapatos pequeños y brillantes y cruzó la arcada. La música había aumentado de volumen. Contenía el ruido ardiente y corrosivo, las carreras frenéticas y nerviosas de una competición, de música improvisada. Sonaba demasiado alta. La pelirroja estaba sentada y contemplaba en silencio el enrejillado de la voluminosa radio como si pudiera ver a la orquesta, su estereotipada sonrisa profesional, el sudor que corría por las espaldas. Estaba ovillada con las piernas bajo el cuerpo en un sofá que parecía tener casi todos los almohadones de la sala. Se encontraba primorosamente envuelta en ellos, como un ramillete en el papel de la floristería.

No alzó la cabeza. Siguió inclinada, una mano cerrada sobre la rodilla color durazno. Vestía un pijama de seda de gruesos ribetes y bordado de negros capullos de loto.

-¿Le gusta Goodman, señorita Cressy? -preguntó Tony Reseck.

La chica movió despacio los ojos. Había poca luz, pero el violeta de aquellos ojos casi ofendía. Eran unos ojos grandes y profundos, sin la menor huella de pensamiento en ellos. Su rostro, clásico, carecía de expresión.

No dijo nada.

Tony sonrió, se llevó los dedos a las comisuras y los movió uno por uno, consciente de su contacto.

-¿Le gusta Goodman, señorita Cressy? -repitió con amabilidad.

-Lo detesto -dijo la chica, con una voz sin inflexiones.

Tony se balanceó sobre los talones y la miró a los ojos. Grandes, profundos, vacíos. ¿O no? Se inclinó y apagó la radio.

-No me interprete mal -dijo la chica-. Goodman saca dinero y un tipo que saca dinero legal en estos tiempos es un tipo al que hay que respetar. Pero su música parece de cervecería. Prefiero las cosas un poco acarameladas.

-A lo mejor le gusta Mozart -dijo Tony.

-Ahora me está tomando el pelo -dijo ella.

-De ningún modo, señorita Cressy. Creo que Mozart es el hombre más grande que haya existido jamás y Toscanini, su profeta.

-Creí que usted era el detective del hotel.

Apoyó la cabeza en un cojín y lo observó por entre las pestañas.

-Póngame algo de ese Mozart -añadió.

-Es demasiado tarde -suspiró Tony-. No es posible ahora.

La muchacha le dedicó otra mirada clara y prolongada.

-Me echó el ojo, ¿eh, pies planos? -Rió levemente, casi para sus adentros-. ¿Hice algo malo?

Tony esbozó su minúscula sonrisa.

-Nada, señorita Cressy. Nada en absoluto. Pero usted necesita tomar un poco de aire. Lleva cinco días en este hotel y todavía no salió a la calle. Y tiene una habitación en lo más alto del edificio.

La chica volvió a reír.

-Hágame un cuento con eso, dele. Estoy aburrida.

-En cierta ocasión estuvo aquí una chica que ocupaba su misma suite. Estuvo en el hotel toda una semana, igual que usted. Sin salir para nada, quiero decir. Casi no hablaba con nadie. ¿Qué le parece que hizo?

Ella lo miró seria.

-Se fue sin pagar la cuenta.

El hombre extendió su larga y delicada mano, agitó los dedos y produjo un efecto como de olas que se rompen.

-No. Hizo que se la preparasen y la pagó. Después le dijo al botones que recogiera su equipaje en media hora. Y salió al balcón.

La muchacha se incorporó un poco con los ojos todavía en guardia, y se acarició la rodilla aduraznada.

-¿Cómo dijo que se llama usted?

-Tony Reseck.

-Suena húngaro.

-No -dijo Tony-, es polaco.

-Siga, Tony.

-Todas las habitaciones de arriba tienen balcones particulares, señorita Cressy. Y con barandillas demasiado bajas para estar a catorce pisos de altura. La noche era muy oscura y estaba nublado. -Dejó caer la mano en un gesto final, gesto de despedida-. Nadie la vio saltar. Pero cuando se produjo el choque, fue como un cañonazo.

-Está inventando, Tony -dijo ella con un susurro seco.

El hombre esbozó su módica sonrisa. Sus tranquilos ojos grises parecían casi alisar las largas ondas del pelo femenino.

-Eve Cressy -dijo ella soñadoramente-. Un nombre que espera rodearse de luces y espera a un tipo alto y moreno que no vale nada, Tony. Y no me pregunte por qué. Estuve casada con él. Y podría volver a estarlo. En la vida se pueden cometer muchos errores. -La mano que reposaba en la rodilla se abrió lentamente hasta que los dedos no pudieron retroceder más. Entonces volvió a cerrarla con rapidez y sequedad, y aun a la escasa luz reinante brillaron los nudillos como huesitos pulimentados-. Una vez le hice una jugada sucia. Lo metí en un lío, sin intención. Tampoco pregunte por qué. Y ahora me siento en deuda.

El hombre se adelantó con suavidad para hacer girar la perilla de la radio. Las notas de un vals tintinearon en el aire. Un vals de oropel, pero vals al fin. Subió el volumen. La música brotaba del altavoz en torbellinos de atenuada melodía. Desde que Viena dejó de existir, todos los valses resultaban sombríos.

La chica ladeó la cabeza, canturreó tres o cuatro compases y se detuvo, la boca súbitamente tensa.

-Eve Cressy -dijo-. Una vez hubo luces. En un club nocturno de mala muerte. Un tugurio. Hubo una redada y las luces se apagaron.

Él sonrió casi con burla.

-Mientras usted estuvo allí no fue ningún tugurio, señorita Cressy... Este es el vals que la orquesta tocaba siempre que el viejo portero se paseaba frente a la entrada del hotel, con el pecho lleno de medallas en La última carcajada. Actuada por Emil Jannings. Seguramente no la recordará, señorita Cressy.

-Primavera, hermosa primavera -dijo-. No, no la vi.

El hombre se alejó tres pasos y se dio vuelta.

-Tengo que subir a revisar las puertas. Espero no haberla molestado. ¿Por qué no se va a la cama? Es un poco tarde.

El vals de relumbrón se detuvo y una voz rompió a hablar. La chica tomó la palabra por entre el sonido de la voz.

-¿De veras me cree capaz de una cosa así? Lo del balcón, quiero decir.

El hombre asintió.

-Quizá -dijo con suavidad-. Pero ya no.

-En ningún momento, Tony. -La sonrisa de ella era como una hojita perdida-. Vuelva para contarme más cosas. Las pelirrojas no saltan al vacío, Tony. Viven y se marchitan.

Él la miró seriamente durante un momento y se fue. El portero estaba en la arcada que conducía al vestíbulo principal. Tony no había mirado en aquella dirección, pero sabía que había alguien allí. Siempre detectaba las presencias. Podía oír crecer la hierba, como el asno de El pájaro azul.

El portero le hizo una seña con el mentón. La ancha cara que se alzaba por encima del cuello del uniforme parecía sudorosa y alarmada. Tony se acercó a él, cruzaron juntos la arcada y salieron al centro del pequeño vestíbulo.

-¿Dificultades? -preguntó Tony con cansancio.

-Afuera hay un tipo que quiere verte, Tony. No quiere entrar. Estaba limpiando los vidrios de las puertas y se me acercó, un tipo alto. "Quiero ver a Tony", dijo con la boca torcida.

-Bueno -respondió Tony, que seguía contemplando los ojos celestes del portero-. ¿Cómo se llama?

-Dijo que Al.

La cara de Tony se volvió tan inexpresiva como si fuera de pasta de amasar.

-Okey –empezó a caminar.

El portero lo retuvo por la manga.

-Oíme, Tony, ¿tenés enemigos?

Tony rió cortés, la cara todavía como pasta de amasar.

-Oíme, Tony -agregó el portero, sin soltarle la manga-. Hay un coche negro al final de la manzana, en dirección contraria a los taxis. Hay un tipo al lado, con el pie en el estribo. El que me habló llevaba un abrigo oscuro, todo abotonado, el cuello alzado hasta las orejas. Y el sombrero calado. Apenas si se le puede ver la cara. Dijo: "Quiero ver a Tony", con la boca torcida. Vos no tenés enemigos, ¿verdad, Tony?

-Sólo en mi financiera -dijo Tony-. Ahora andate.

-Empezó a caminar muy despacio y un poco endurecido por la alfombra azul, y subió los tres suaves peldaños que daban acceso al vestíbulo de entrada, que tenía tres ascensores a un lado y el mostrador de recepción al otro. Sólo funcionaba uno de los ascensores. Junto a las puertas abiertas, cruzado de brazos, el ascensorista nocturno permanecía en silencio, vestido con su pulcro uniforme azul de alamares plateados. Era un mexicano moreno y flaco llamado Gómez. Un mozo nuevo que trabajaba en el turno de noche.

Al otro lado estaba el mostrador de recepción, de mármol rosado, con el encargado nocturno suavemente recostado sobre él. Un hombrecito limpio de bigote rojizo y fino, y mejillas tan rojas que parecían maquilladas. Miró a Tony y se frotó el bigote con una uña.

Tony le apuntó con el índice estirado, encogió corazón, anular y meñique, alzó el pulgar y, sin doblarlo, lo dejó caer sobre el índice rígido. El empleado se rozó la otra punta del bigote con aire aburrido.

Tony dejó atrás el quiosco cerrado y en sombras y la puerta lateral del drugstore, para llegar a las puertas de paneles de cristal y marco de bronce. Se detuvo exactamente frente ellas y tragó una profunda e intensa bocanada de aire. Cuadró los hombros, abrió las puertas y salió al aire nocturno, frío y húmedo.

La calle estaba oscura y en silencio. El ruido del tráfico de Wilshire, a dos manzanas de distancia, era insignificante. Había dos taxis a la izquierda. Los choferes estaban apoyados en el guardabarros, uno junto a otro, fumando. Tony empezó a caminar en dirección contraria. El gran coche negro estaba a un tercio de manzana de la puerta del hotel. Habían reducido las luces al mínimo y sólo cuando lo tuvo a corta distancia alcanzó a oír el suave rumor del motor.

Una figura alta se apartó del vehículo y se dirigió hacia él, las manos en los bolsillos del abrigo oscuro de cuello subido. En la boca del hombre, como una perla herrumbrosa, brillaba levemente un pucho.

Cuando se encontraron frente a frente se detuvieron.

-Hola, Tony -dijo el alto-. Hace tiempo que no nos veíamos.

-Hola, Al. ¿Cómo andás?

-No me puedo quejar. -El alto hizo ademán de sacar la derecha del bolsillo, pero se contuvo y rio suavemente-. Me había olvidado. Me parece que no querés que nos demos la mano.

-Es algo que no tiene sentido -dijo Tony-. El apretarse la mano. Los monos se dan la mano. Bueno, Al, ¿qué carajo te pasa?

-Seguís siendo el gordito gracioso de siempre, ¿eh, Tony?

-Supongo -dijo Tony con un tenso parpadeo.

Notaba un nudo en la garganta.

-¿Te gusta trabajar ahí?

-Es un trabajo -Al volvió a reírse suavemente.

-Vos, tranquilo, Tony. Yo me muevo por vos. O sea que es un trabajo y que querés conservarlo. Okey. Una muchacha que se llama Eve Cressy se aloja en tu tranquilo hotel. Hacela salir rápido. Ahora mismo.

-¿Qué es lo que pasa?

El alto recorrió la calle con la mirada. Atrás, en el coche, un hombre tosió apenas.

-Está enganchada con una basura. No tengo nada personal contra ella, pero te va a traer problemas. Hacela salir, Tony. Tenés una hora, más o menos

-Claro -dijo Tony con indiferencia, sin expresión.

Al sacó la mano del bolsillo y la puso sobre el pecho de Tony. Le dio un empujón flojo, perezoso.

-No hablo por hablar, hermanito gordo. Hacela salir de ahí.

-Okey -dijo Tony, sin la menor inflexión en la voz.

El alto apartó la mano y la dirigió a la portezuela del coche. La abrió y empezó a escurrirse adentro como una delgada sombra muy negra.

Pero se frenó a mitad de camino, le dijo algo a los hombres que había adentro y volvió a enderezarse. Volvió al lugar adonde lo esperaba Tony en silencio, con los ojos claros iluminados levemente por los reflejos de la calle.

-Mirá, Tony. Siempre fuiste discreto. Sos un buen hermano.

Tony no dijo nada.

Al se inclinó hacia él con la sombra alargada y ansiosa, el cuello alzado rozándole casi las orejas.

-Es un asunto feo, Tony. A los muchachos no les gustaría, pero te lo voy a contar de todas formas. La Cressy estuvo casada con una basura que se llama Johnny Ralls. Ralls salió de San Quintín hace unos días, una semana más o menos. Le encajaron tres años, por homicidio involuntario. La muchacha lo metió allí. Atropelló a un viejo una noche, borracho, y ella iba con él. Johnny quiso borrarse, pero ella le dijo que se entregara y contase la verdad. Él no se entregó. Y ella, que lo había amenazado con hacerlo, lo mandó en cana.

-Increíble -dijo Tony.

-Así es el Evangelio, muchacho. Mi trabajo consiste en saber cosas. Y el tal Ralls, cuando estaba adentro, se pasaba hablando de la mina, de que iba a estar esperándolo cuando saliera, pronta para perdonar y olvidar, y que iría a buscarla.

-¿Y a vos por qué te importa ese hombre? -indagó tony con voz seca y áspera, como una rasgadura en un papel grueso.

Al se rio.

-Los muchachos de ilícitos quieren verlo. Llevaba una mesa de juego en un local del Strip y organizó un chanchullo. Entre él y otro tipo le soplaron a la casa cincuenta de los grandes. El otro aflojó la mosca, pero todavía nos faltan los veinticinco de Johnny. Los de ilícitos no cobran para olvidar.

Tony recorrió la oscura calle con la mirada. Uno de los taxistas tiró un pucho que trazó una hipérbole por encima de uno de los taxis. Tony la vio caer y chisporrotear en el asfalto. Escuchó el suave ronroneo del motor del cochazo negro.

-No quiero saber nada de esto -dijo-. Pero la voy a hacer salir.

Al se alejó asintiendo.

-Un buen pibe. ¿Cómo está mamá?

-Bien -dijo Tony.

-Decile que pregunté por ella.

-Preguntar por ella no sirve para nada -respondió Tony.

Al se dio vuelta con rapidez y se metió en el coche, que giró perezosamente a mitad de manzana y retrocedió hacia la esquina. Se encendieron las luces y barrieron una pared. Dobló la esquina y desapareció. El penetrante olor de los gases del tubo de escape alcanzó el olfato de Tony, que volvió hasta el hotel y entró. Fue hasta la sala de radio.

El aparato seguía murmurando, pero la chica ya no estaba en el sofá. Los almohadones conservaban el hueco de su cuerpo. Tony se inclinó y los tocó. Le pareció que todavía conservaban cierto calor. Apagó la radio y se quedó inmóvil, haciendo remolinear el pulgar con la mano abierta y pegada al estómago. Entonces volvió al vestíbulo, en dirección a los ascensores, y se detuvo junto a un jarrón de mayólica con arena blanca. El empleado daba vueltas atrás de una pantalla de cristal esmerilado, en la punta del mostrador. La atmósfera estaba inmóvil.

La zona de los ascensores estaba a oscuras. Tony miró la aguja indicadora del camarín central y vio que estaba en el piso 14.

-Se fue a dormir -dijo en voz baja.

-La puerta del alojamiento del portero, situada junto a los ascensores, se abrió y dio paso al ascensorista nocturno, el pequeño mexicano, vestido con ropa de calle. Sus ojos color castaño claro enfocaron a Tony con tranquilidad.

-Buenas noches, jefe.

-Sí -dijo Tony, abstraído.

Sacó del bolsillo del chaleco un fino cigarro moteado y lo olisqueó. Lo observó despacio, dándolo vueltas entre los pulcros dedos. Había un leve desgarrón longitudinal. Entonces frunció la frente y tiró el cigarro.

Se oyó un ruido lejano y la aguja del indicador comenzó a girar en el círculo de bronce. Aparecieron las luces del ascensor y la línea recta del piso de la caja disolvió la oscuridad del fondo. Se detuvo el ascensor, se abrieron las puertas y salió Carl.

Sus ojos se sobresaltaron un poco al tropezar con los de Tony, y caminó hacia él con la cabeza ladeada y un leve brillo a lo largo del rosado labio superior.

-Oíme, Tony.

Tony lo agarró del brazo y lo hizo dar vuelta con brusquedad. Lo empujó con rapidez, aunque también con naturalidad, escalones abajo, hasta el oscuro vestíbulo principal, y lo llevó a un rincón. Le soltó el brazo. La garganta se le había puesto otra vez tirante, sin que supiera por qué.

-¿Y bien? -dijo sombríamente-. ¿Qué tengo que oír?

El mozo metió la mano en un bolsillo y sacó un dólar.

-Me dio esto -dijo con indolencia. Sus ojos miraron el vacío, más allá del hombro de Tony. Parpadeaba muy rápido.

-Hielo y cerveza de jengibre.

-No me vengas con cuentos -gruñó Tony.

-Es el tipo de la 14 B -insistió el portero.

-Dejame que te huela el aliento.

El mozo se adelantó hacia él, obediente.

-Alcohol -dijo Tony con resolución.

-Me invitó con un trago.

Tony miró el billete de un dólar.

-No hay ningún huésped en la 14 B. No en mi lista, por lo menos -dijo.

-Sí. Sí que lo hay -el mozo se lamió los labios y parpadeó varias veces-. Un tipo moreno y alto.

-Está bien -dijo Tony de mal humor-. Está bien. En la 14 B hay un tipo alto y moreno que te dio un billete y te invitó con un trago. ¿Y qué?

-Tenía una pistola bajo el brazo -explicó Carl y parpadeó de nuevo.

Tony sonrió, pero sus ojos tenían el brillo mortecino del hielo grueso.

-¿Vos subiste a la señorita Cressy a su habitación?

Carl negó con la cabeza.

-Fue Gómez. Lo vi acompañarla.

-Andate -dijo Tony entre dientes-. Y no aceptes más tragos de los huéspedes.

No se movió hasta que Carl se metió en el cubículo que había junto a los ascensores y cerró la puerta. Después subió en silencio los tres escalones y se quedó frente al mostrador con los ojos fijos en el mármol rosado y veteado, en el portaplumas de ónice y en la nueva cartulina de inscripción con su marco de cuero. Alzó una mano y la dejó caer con fuerza en el mármol. El empleado apareció atrás de la mampara de cristal, como una ardilla que sale de su madriguera.

Sacó del bolsillo superior un papel y lo desplegó en el mostrador.

-Aquí no figura nadie en la 14 B -dijo con voz agria.

El empleado se tocó cuidadosamente el bigote.

-Lo lamento. Seguramente estabas cenando cuando se inscribió.

-¿Quién?

-Un tal James Watterson, de San Diego -dijo el empleado bostezando.

-¿Preguntó por alguien?

El empleado interrumpió un bostezo y miró la coronilla de Tony.

-Sí. Preguntó por una orquesta de swing. ¿Por qué?

-Vivo, rápido y gracioso si los hay -dijo Tony. Anotó el nombre en el papel y se lo guardó en el bolsillo-. Voy arriba a revisar puertas. Tenés sin alquilar todavía cuatro habitaciones superiores. Y despejate, mijo. Estás que te caés.

-Voy a tratar -gruñó el empleado mientras terminaba el bostezo-. No tardes, petiso. No sé cómo matar el tiempo.

-Podrías afeitarte esa pelusa exquisita que tenés en el labio -dijo Tony, y fue hacia los ascensores.

Abrió uno de los que estaban apagados, encendió la luz superior y apretó el botón del catorce. Volvió a apagarlo, salió y cerró las puertas. El rellano era allí más chico que en los demás pisos, excepto el del inmediato inferior. Las tres paredes que lo formaban tenían sendas puertas azules de una sola hoja. En cada puerta había un número, una letra y una filigrana dorada. Tony fue a la 14 A y acercó el oído a la madera.

No oyó nada. Eve Cressy podía estar durmiendo, en la cama, en el cuarto de baño o en el balcón. O bien, sentada a pocos pasos de la puerta, contemplando las musarañas. En este último caso, mal podía oírla. Fue a la 14 B y repitió la operación. Allí era otra cosa. Se oía ruido adentro. Un hombre tosía. En cierto modo, parecía una tos solitaria. No escuchó voces. Apretó el nacarado botón que había al lado de la puerta.

Unos pasos se aproximaron sin apuro. Y una voz pastosa habló al otro lado de la madera. Tony no respondió, no hizo el menor ruido. Volvió a apretar el timbre.

El señor James Watterson, de San Diego, tendría que haber abierto enseguida y provocado algún ruido. Pero no lo hizo. El silencio que se aposentó al otro lado de la puerta era como el de un glaciar. Tony acercó otra vez la oreja. Silencio absoluto.

Sacó una llave maestra prendida de una cadena y la introdujo suavemente en la cerradura. La hizo girar, abrió la puerta unos centímetros y retiró la llave. Entonces, esperó.

-Está bien -dijo una voz con aspereza-. Entre y cobre.

Tony abrió del todo y se quedó quieto, enmarcado por la luz del rellano. El hombre era alto, de pelo negro y cara angulosa y pálida. Empuñaba una pistola. Y la empuñaba como si entendiera de pistolas.

-Entre -roncó.

Tony cruzó el umbral y cerró con el hombro. Mantenía las manos ligeramente separadas de los costados, los ágiles dedos doblados y fláccidos. Sonrió con serenidad.

-¿El señor Watterson?

-¿Qué más?

-Soy el detective de la casa.

-Dan ganas de morirse.

El hombre alto, de cara pálida, en cierto modo apuesto y en cierto modo no, retrocedió lentamente. La habitación era grande, con balcones en dos de sus lados. Cada una de las habitaciones de la torre disponía de un balcón particular al que daba acceso una ventana. Frente a un agradable sofá había un juego de atizadores tras una mampara de madera. En una bandeja del hotel distinguió un vaso alto, empañado, junto a un sillón hondo y cómodo. El hombre retrocedió hasta el mueble y se quedó adelante. La pistola, grande y reluciente, se inclinó y apuntó hacia el suelo.

-Para morirse -repitió-. Llevo una hora en este cuchitril y el botón de la casa viene a llamarme a la puerta. Muy bien, encanto, registre el armario y el baño. Pero le advierto que la muchacha acaba de irse.

-Usted todavía no la vio -dijo Tony.

La descolorida cara del hombre se llenó de insospechadas arrugas. Su voz espesa bordeó el gruñido.

-¿De veras? ¿A quién no vi todavía?

-A una muchacha llamada Eve Cressy.

El hombre tragó saliva. Puso la pistola en la mesa, al lado de la bandeja. Se sentó en el sillón, rígido, como un hombre afectado de lumbago. Luego adelantó el cuerpo, descansó las manos en las rodillas y sonrió con toda la boca.

-Así que está aquí, ¿eh? Todavía no pregunté por ella. Soy un tipo precavido. Todavía no hice preguntas.

-Hace cinco días que está aquí -dijo Tony-. Esperándolo a usted. No se movió del hotel ni un minuto.

Al hombre se le agitó una mueca sonriente.

-Me retrasé un poco en el Norte -dijo con placidez-. Ya sabe: visitando a viejos amigos. Parece estar muy al tanto de mis asuntos, señor botón.

-Así es, señor Ralls.

El hombre se paró bruscamente y agarró la pistola de un manotazo. Se quedó quieto, apoyado en la mesa, fija la mirada.

-Las mujeres hablan demasiado -dijo con cierta sordina en la voz, como si entre los dientes tuviera algo blando que la oscureciera.

-Las mujeres no, señor Ralls.

-¿Eh? -la pistola resbaló en la dura madera de la mesa-. Hable claro, botón. Mi adivino está de vacaciones.

-Las mujeres no. Los canas. Los canas con pistola.

El silencio glacial volvió a caer sobre ellos. El hombre se enderezó lentamente. Su rostro no tenía expresión, pero sus ojos parecían acosados. Tony adelantó su cuerpo rechoncho y más bien pequeño, de rostro amable, tranquilo, pálido y ojos tan claros como el agua de los bosques.

-Nunca descansan esos tipos -dijo Johnny Ralls y se lamió un labio-. Siempre alerta, día y noche. La empresa nunca duerme.

-¿Los conoce? -dijo Tony con voz suave.

-Tal vez pudiera largarle diez hipótesis. Y, de las diez, doce serían correctas.

-Los muchachos de ilícitos -dijo Tony esbozando una sonrisa.

-¿Dónde está ella? -preguntó ásperamente Johnny Ralls.

-En la habitación de al lado.

El hombre salió al balcón, dejando la pistola en la mesa, se quedó frente el muro y lo estudió con ojos atentos. Se aupó entonces sujetándose a la reja de la divisoria. Cuando se soltó y volvió, su cara había perdido algunas arrugas. Sus ojos tenían un brillo más sosegado. Regresó junto a Tony.

-Estoy en un lío -dijo-. Eve me mandó un poco de guita y yo la multipliqué con un asunto que inventé en el Norte. Es dinero de los dos, quiero decir. Los muchachos de ilícitos hablaron de veinticinco de los grandes. -Sonrió malignamente-. Yo me pongo a contar y no pasa de quinientos dólares. Supongo que va a ser difícil hacérselos creer.

-¿Qué hizo usted con el otro? -preguntó Tony con indiferencia.

-Jamás lo tuve, botón. Olvídese de ese cuento. Soy el único individuo en el mundo que me cree. Aquello fue una trampa que me armaron.

-Puede que yo también lo crea -dijo Tony.

-No suelen matar. Pero pueden ser terriblemente duros.

-Unos forajidos -dijo Tony con un desprecio amargo y repentino-. Los tipos que andan con pistola no son más que forajidos.

Johnny Ralls tomó el vaso y lo vació. Los cubitos de hielo tintinearon suavemente mientras lo apartaba. Agarró la pistola, la hizo bailar en la mano y se la guardó boca abajo, en un bolsillo interior, a la altura del pecho. Se quedó mirando la alfombra.

-¿Por qué me cuenta todo esto, botón?

-Pensaba en que la dejase usted en paz un tiempo.

-¿Y si no lo hago?

-A mí me parece que lo hará -dijo Tony.

Johnny Ralls asintió con calma.

-¿Puedo salir de aquí?

-Puede tomar el ascensor de servicio, que lleva al garaje. Alquile un coche. Yo le doy una tarjeta para el empleado del garaje.

-Usted es un tipo gracioso -dijo Johnny Ralls.

Tony sacó una gastada billetera de piel de avestruz y garabateó en una tarjeta. Johnny la leyó y la sostuvo en la mano, golpeándola contra la uña del pulgar.

-Podría llevármela conmigo -apuntó, achicando los ojos.

-Y podría también otra clase de paseo -continuó Tony-. Ya le dije que está aquí desde hace cinco días. La descubrieron. Un conocido me llamó y me dijo que la sacara de aquí. Me explicó todo. Así que es a usted a quien voy a sacar en su lugar.

-Les va a encantar -dijo Johnny Ralls-. Y a usted le van a mandar violetas.

-Tengo días libres para lamentarlo.

Johnny Ralls dio vuelta la mano y observó la palma.

-Podría verla, igual. Antes de irme. La habitación de al lado dijo usted, ¿no?

Tony giró sobre los talones y fue hasta la puerta.

-No pierda el tiempo, buen mozo -dijo por encima del hombro-. Yo podría cambiar de idea.

-Que yo sepa, es posible que ya me esté jodiendo -dijo el hombre, casi con amabilidad.

Tony no se volvió.

-Es un riesgo que tiene que correr.

Llegó a la puerta y salió de la habitación. La cerró con cuidado, en silencio; miró una sola vez la puerta 14 B y entró en el oscuro ascensor. Bajó a la planta de la lavandería y salió para apartar la canasta que mantenía abierto el ascensor de servicio. La puerta se cerró con suavidad. Trató de que no hiciera ningún ruido. Al otro lado del pasillo había luz, la que salía por la puerta abierta de la oficina del conserje. Tony volvió al primer ascensor y bajó al vestíbulo.

El empleadito estaba escondido atrás del cristal esmerilado, revisando las cuentas. Tony cruzó el vestíbulo principal y entró en la sala de la radio. La radio estaba prendida otra vez, muy baja. Ella estaba allí, acurrucada en el sofá. El aparato derramaba un sonido tan leve como el murmullo de una alameda. La muchacha torció la cabeza despacio y le sonrió.

-¿Terminó de revisar las puertas? No podía dormir. Así que bajé otra vez. ¿Okey?

Él sonrió y asintió. Se sentó en un sillón verde y acarició los gruesos brazos tapizados.

-Claro, señorita Cressy.

-Esperar es lo más terrible que hay, ¿no le parece? Me gustaría que revisara esa radio. Suena como si retorcieran algo.

Tony manipuló el aparato, no pudo mejorar la sintonía y volvió a la emisora anterior.

-Los parroquianos están, todos, borrachos de cerveza.

La muchacha volvió a sonreírle.

-¿No le molesta que me quede aquí, señorita Cressy?

-Al contrario. Usted es una persona muy cariñosa, Tony.

El hombre observó el suelo con el ánimo tenso y sintió un cosquilleo en el espinazo. Esperó a que se le pasara. Desapareció poco a poco. Entonces se echó hacia atrás, flojos otra vez los músculos, los pulcros dedos cerrados alrededor del diente de alce. Escuchó. No la radio, sino cosas lejanas, inconcretas, cosas amenazadoras. Y tal vez el seguro viraje de unas ruedas que se alejaban en una noche desconocida.

-Nadie es malo del todo -dijo en voz alta.

La muchacha lo miró desconcertada.

-Entonces me debo haber confundido dos o tres veces.

El hombre asintió.

-Claro -admitió juiciosamente-. Supongo que también hay malas personas.

La chica bostezó y entornó los ojos de intenso color violeta. Se acomodó en los almohadones.

-Quédese un rato, Tony. A lo mejor pesco un sueñito.

-Claro. No tengo nada que hacer. No sé para qué me pagan.

La muchacha se durmió enseguida y quedó totalmente inmóvil, como un niño. Tony contuvo el ruido de la respiración durante diez minutos. No hizo más que mirarla, la boca un tanto abierta. Había una quieta fascinación en sus límpidos ojos, como si estuviese frente a un altar.

Después se levantó con un infinito cuidado y al llegar al mostrador del vestíbulo de la entrada se quedó escuchando un rato. Oyó el rasgar de una pluma que no veía. Después cruzó hasta los teléfonos, que estaban instalados en el interior de pequeños compartimientos de vidrio. Descolgó uno y le pidió a la telefonista nocturna que lo conectara con el garaje.

Oyó el timbrazo un par de veces y entonces respondió una voz juvenil: -Hotel Windermere. Aquí el garaje.

-Soy Tony Reseck. Es por un tal Watterson, que llevaba una tarjeta de mi parte. ¿Se fue?

-Claro, Tony. Hace casi media hora. ¿Lo pongo en tu cuenta?

-Sí -dijo Tony-. Es un conocido. Gracias. Hasta luego.

Colgó y se rascó el cuello. Volvió al mostrador y pegó una palmada. El empleado asomó la cabeza con una sonrisa de bienvenida que desapareció cuando vio a Tony.

-¿Es que no se puede trabajar en paz? –gruñó, mirando fijamente a Tony.

-¿Qué vas a poner en la cuenta de la 14 B?

-No se hizo ninguna cuenta para la parte alta.

-Hay que hacer una. El tipo se fue. No estuvo aquí más que una hora.

-Está bien, está bien -dijo el empleado, sin dar importancia al asunto-. Parece que el personaje no tiene suerte esta noche. Lo pondremos en gastos generales.

-¿Te alcanzan cinco verdes?

-¿Es amigo tuyo?

-No. Sólo un borracho lleno de frustración y sin un clavo en el bolsillo.

-Supongo que se puede pasar por alto, Tony. ¿Cómo se fue?

-Lo puse en el ascensor de servicio. Vos estabas dormido. ¿Te alcanzan cinco verdes?

-¿Por qué?

Reapareció la billetera de piel de avestruz y un billete de cinco dólares se deslizó por el mármol.

-Es lo que le pude sacar -dijo Tony con indiferencia.

El empleado agarró los cinco con aire de asombro.

-Vos mandás -dijo levantando los hombros.

Sonó el teléfono del mostrador y el empleado descolgó. Escuchó y le pasó el auricular a Tony-. Es para vos.

Tony tomó el aparato y se lo llevó cerca del pecho. Pegó los labios al tubo. No conocía esa voz. Tenía un dejo metálico. Sus sílabas eran escrupulosamente inidentificables.

-¿Tony? ¿Tony Reseck?

-Sí, soy yo.

-Un mensaje de Al. ¿Te interesa?

Tony miró al empleado.

-Sé bueno -le dijo. El empleado esbozó una leve sonrisa y se alejó-. Me interesa -dijo por el teléfono.

-Se nos armó un relajito con un tipo que estaba en el hotel. Lo agarramos cuando quería escaparse. Al tuvo la corazonada de que vos lo habías hecho salir. Lo seguimos y lo empujamos contra el cordón de la vereda. Hubo dificultades. Tiros.

Tony apretó con fuerza el teléfono. La evaporación del sudor le producía frío en las sienes.

-Seguí -dijo-. Porque supongo que hay más.

-Un poco. El tipo mató al jefe. Frito. Al... Al dijo que lo despidiera de vos.

Tony se apoyó bruscamente en el mostrador y exhaló un sonido inarticulado.

-¿Entendiste? -la voz metálica parecía impaciente, un poco aburrida-. El tipo llevaba un arma y la usó. Al ya no va poder telefonear a nadie.

Tony sacudió el teléfono y la base golpeó contra el mármol rosado. Tenía en la boca un nudo seco y duro.

Eso es todo, loco -dijo la voz-. Buenas noches.

Sonó un chasquido seco, como el de un pedazo de pedregullo tirado contra una pared.

Tony colgó el auricular con mucho cuidado, como para evitar que hiciera el menor ruido. Se observó la mano izquierda. La tenía agarrotada. Sacó un pañuelo, se frotó la palma con suavidad y se enderezó los dedos con la otra mano. Después se secó la frente. El empleado volvió a asomar la cabeza y lo miró con ojos brillantes.

-Tengo libre el viernes. ¿Por qué no me pasás ese número de teléfono?

Tony sonrió débilmente durante un minuto y cabeceó afirmando. Se guardó el pañuelo y palpó el bolsillo donde lo había metido. Se dio vuelta, se alejó del mostrador, cruzó el vestíbulo de la entrada, bajó los tres suaves escalones, se metió en la zona oscura del vestíbulo principal y cruzó una vez más el arco que daba entrada a la sala de radio. Se movía con cuidado, como un hombre que se desplaza en un cuarto donde hay una persona muy enferma. Llegó al sillón que había ocupado y se dejó caer centímetro a centímetro. La muchacha seguía durmiendo, inmóvil, con ese abandono que se da en ciertas mujeres y en todos los felinos. El vago murmullo de la radio ahogaba el sonido de la respiración femenina.

Tony Reseck se arrellanó en el sillón, cerró las manos alrededor del diente de alce y entornó apaciblemente los ojos.

 

("Apuntes sobre la novela policiaca")

Raymond Chandler ("Apuntes sobre la novela policiaca") resume en un decálogo los ingredientes de la novela policiaca:




1. La situación inicial y el desenlace deben tener unas motivaciones verosímiles.
2. No deben cometerse errores técnicos respecto a los métodos del crimen y de la investigación.
3. Los personajes, el ambiente y la atmósfera deben ser realistas. Hay que referirse a personas reales en un mundo real.
4. Además del elemento de misterio, la intriga debe tener un cierto peso en tanto que argumento.
5. La sencillez fundamental de la estructura debe ser suficiente como para admitir una fácil explicación cuando el momento lo exija.
6. La solución del misterio no debe escapar a un lector razonablemente inteligente.
7. Cuando se revela la solución, esta debe parecer inevitable.
8. La novela policíaca no debe intentar hacerlo todo a la vez. Si se trata de la historia de un enigma que funciona a un nivel mental elevado, no podemos convertirla también en una aventura violenta o apasionada.
9. Es preciso que de una manera u otra, y no necesariamente a través de los tribunales de justicia, el criminal reciba su castigo.
10. Es necesaria una cierta honestidad con el lector. El lector acepta que lo engañen, pero no con una tontería.



 

.Las nuevas corrientes del policial tienen muchas variantes y sólo mencionaremos que en la narrativa actual el género policial se fusionó con diferentes corrientes, haciendo que la estructura original se enriquezca y pierda rigidez haciendo difícil un encasillamiento. Vemos que “Blade Runner” más conocida por la versión cinematográfica es un policial ambientado en el futuro; “El nombre de la Rosa” de Umberto Eco se remite al medioevo, y así sucesivamente. Se pierde el sentido de la estructura sin perder valor literario, existen grandes obras como “La trilogía de Nueva York” de Paul Auster o “2666” de Roberto Bolaño. También se puede encontrar gran cantidad de hijos de la literatura policial que se han transformado en géneros propios como el suspenso, la novela de espías, etc. dueños de estructuras y elementos predominantes que la enmarcan en uno u otro estilo.
El éxito o no de una novela lo pueden convertir en Bests Sellers, un nuevo término en la actualidad es el de Long Seller que hace referencia a la cantidad de tiempo que se mantiene en el tiempo, o que se transforme en clásico, un Long Seller sería “El Quijote”. Primordialmente la industria editorial busca productos que sean afines a la comercialización, la tendencia del policial actual tiene como principal elemento al asesino serial.

 

 

Pablo Lorenzo

 

 

QUÉ ES EL GÉNERO POLICIAL?

 


Como toda corriente literaria el género policial tiene características comunes que hacen posible un encuadre dentro del mismo, por lo cual se hace necesario un elemento en común en todos ellos: un crimen. El policial nació en las grandes ciudades como elemento para exorcizar el demonio del delincuente sin rostro que se oculta en la masa, se hace efectivo al encontrar un método analítico deductivo, veremos que eso se va a modificar con el policial negro, para resolver el crimen creciente.

Dentro de un encuadre histórico nos encontramos en los años posteriores a la revolución industrial, la producción y el nacimiento de la literatura masiva, los diarios son los primeros en publicar y dar a conocer este tipo de relatos que se ofrecían por entregas.
El antecedente más lejano aparece en el siglo XVIII en China con un relato traducido por Robert Van Gulik como “Tres casos criminales resueltos por el Juez Ti” y que al parecer fue introducido en el siglo XIX a Europa debido el interés por lo exótico. Si se quiere ahondar en lo histórico se puede leer a Fereydoun Hoveyda y su “Historia de la Novela Policíaca” donde se ocupa de todas las variantes que se agrupan bajo la denominación de novela policíaca: la novela de aventuras y la novela-problema, los relatos "negros" y de "suspense", las narraciones protagonizadas por detectives, policías profesionales, criminales o espías. Las familiares figuras de Sherlock Holmes, Rouletabille, Nick Carter, Fantomas, Arsenio Lupin, el inspector Maigret, Hèrcule Poirot, el Santo y James Bond se dan cita en esta historia, que termina con un intento de explicación sociológica del enorme éxito logrado en nuestro siglo por el género policíaco.
Algunos al policial lo han considerado un subgénero o un género menor, pero la calidad literaria de escritores de la talla de Edgar Allan Poe de quién se le adjudica ser uno de los padre del género, son valorados por la mayoría de los lectores y críticos, por lo que la consideración de buena o mala literatura es una mera expresión subjetiva.
CLASES DE POLICIALES
Existe una división entre policial de misterio, (denominado también, de enigma o novela problema) y el género negro, (llamado además, serie negra, policial negro, o novela negra). Si bien existen similitudes el primero no se dedica a ahondar en lo social sino que el método de descubrimiento es lo que prevalece, mientras que en la novela negra la crítica social es el fin.
Policial de enigma: Estructuralmente existen algunas fórmulas cómo:
-Recinto Cerrado se sitúa la escena del crimen en un lugar cerrado como ejemplo “Los crímenes de la Rue Morgue”, Edgar Allan Poe, propone un misterio de un homicidio con la puerta cerrada desde adentro, y utiliza el método analítico para resolverlo. Una parodia utilizada por el humorista español Gonzalo Suárez en “La víctima en la alfombra” se relata: “La encontraron muerta encima de la alfombra. La habitación estaba cerrada con llave y ella no llevaba puesto ningún vestido. Su cuerpo había sido brutalmente destrozado…” la trama continua en ascenso y tensión hasta que se revela que la muerta es una mosca.- La Novela Problema requiere de un juego que se propone al lector en donde se le dan más o menos los mismos datos que posee el investigador para luego sorprenderlos con una inusitada pero lógica deducción. Su tiempo de gloria fue en la época de entre guerras y su decadencia se estima en la década de 1930, no obstante cultores del género mantienen el interés hasta nuestros días gracias a escritores ingleses como Agatha Cristie. La decadencia se va dando en la eliminación de elementos desagradables para concentrarse en el armado mismo de las piezas, buscando una intención meramente intelectual y lúdica modelo que tomará Borges en “Seis Problemas Para Isidro Parodi” donde un preso resuelve los casos que le son llevado por su capacidad de deducir elementos que los demás no ven o descartan, todo ello sin meterse en la escena y desde la carcel. George Simenon intentara tomar los valores de la novela negra (tema de la próxima clase) pero sin abandonar la estructura de la novela problema al introducir elementos del mundo real con su Inspector Magrite.- El detective analítico, el padre de todos ellos es C. Auguste Dupin aparecido en la ya mencionada “Los crímenes de la Rue Morgue” de Poe, pero no es el más famoso, el modelo que se toma es el de Sherlock Holmes del novelista Sir Arthur Conan Doyle, aparece en toda su magnificencia en “Estudio en escarlata” donde se toma la licencia de criticar a Dupin. Cada uno de los detectives de ésta corriente deben poseer una capacidad intelectual superior al promedio para poder exhibir sus dotes ante el lector y ser llamados para resolver misterios vedados para el resto.

 


ESCUELAS DEL POLICAL DE ENIGMA

 


-Escuela Anglosajona: (Más proclive al cuento, ninguno de los personajes son policías, incluso desconfían de ellos)-Poe (1809-1849) - C. Auguste Dupin primer detective analítico.-Conan Doyle (1859-1930) – Sherlock Holmes relatado por Watson que lo humaniza.-Chesterton (1874-1936) – Padre Brown, cierto tono didáctico. (ver adjunto)-Agatha Christie (1891-1976) – Hércules Poirot, burgues cerebral. Perfección.-Escuela Francesa: (Tendiente a la novela, pueden ser policías)-Gaboriau (1832-1873) – Lecoq, Inspector que oculta su profesión por impopular.-Maurice Leblanc (1864-1941) – Arsenio Lupin, maestro del disfraz, rompe lo analítico introduciendo la magia, una especie de Robin Hood de guante blanco.-Gaston Leroux (1868-1927) – Rouletabille, personaje ambiguamente moral.-Simenon (1903-1989) - Inspector Magrite, intenta a develar las motivaciones de los malos.

Coloco intencionalmente a los personajes a la par de sus autores, ya que algunos de ellos han trascendido a su autor de tal manera que les era imposible matarlos por que los lectores, por ende los editores exigían revivirlo. Conan Doyle después de despeñar a su personaje a una muerte inevitable tuvo que revivir a Holmes logrando que este se salve de una forma poco creíble. Maurice Leblanc decía: “Me sigue a todas partes; más que una sombra mía, he acabado por convertirme yo en una sombra suya” con respecto a su personaje Arsenio Lupin. Los esquemas rígidos y repetidos evidentemente producen cierta crisis en el escritor al no poder despegarse su creación.
Un párrafo aparte es el Inspector Fracoise Vidocq (1772-1857), donde la vida aventurera se mezcla con la realidad llevando su vida a acercarse a la ficción, reo reconvertido lleva a la policía francesa a nuevos métodos analíticos deductivos, sus memorias tuvieron influencia en la literatura policial. Introduce a delincuentes y métodos del hampa para resolver el problema del delito.
Cómo hemos dicho el policial nació con una intención (consciente o inconsciente) de detener el crimen creciente, Vidocq es el claro ejemplo donde la literatura no es ajena al momento social que se vive.



Fuente: http://textoscolectivos.escribirte.com.ar/5965/genero-policial.htm

 


Descripción y análisis del género policial como género literario.

 

Para empezar a describir el género policial es necesario hacer una breve referencia al realista, puesto que es el primero en una rama del segundo.
El género realista refleja la observación directa de la vida en sus diversos aspectos: psicológicos, religioso, humorístico, satírico, social, filosófico, histórico, costumbrista y/o regionalista. Es el tipo de relato, que comunica episodios verisímiles dentro de un mundo verosímil. Entre sus representantes podrían considerarse Quiroga, Unamuno y Borges.
Además de contar con los elementos anteriores, el tipo de policial tiene características que lo diferencian de un relato realista: cuenta con el planteo enigmático de un crimen y da diferentes pistas para que el personaje infaltable -el detective- pueda resolverlo mediante deducciones que se plantean paralelamente al lector.
En la introducción suelen indicar el tiempo, el lugar de la historia y personajes (normalmente un detective, un ayudante de este, una victima y los sospechosos). Se basa en la pura comprensión intelectual.
El desarrollo se constituye por los intentos de solucionar el enigma planteado que debe resolverse de algún modo. Es el proceso de investigación del crimen mediante las preguntas ¿Quién lo hizo? Y ¿Por qué?
Por ultimo en el desenlace, en el conflicto se logra un nuevo equilibrio en la situación.
En cuanto a la estructura, habitualmente es un relato que se hace al revés de la narrativa tradicional. Al comienzo se presenta el enigma que debe ser resuelto al final. El tiempo para aclarar el misterio procede en dos sentidos: mientras avanza la investigación (futuro) tratando de resolver el enigma (pasado).
El ambiente es por lo general urbano. En los primeros relatos el crimen ocurría en espacios interiores, en cuartos cerrados, es otro movimiento fundador del género. El sujeto amenazado ni siquiera esta seguro en el lugar más privado pasible: su propio cuarto. En la actualidad, la violencia se desata en las calles, ante la sorpresa o indiferencia de los posibles testigos.
Hablando de la trama, la acción brinda el mayor suspenso. Deja siempre un hilo o eslabón por resolver. Con rigor deductivo, el investigador y el lector desentrañan el enigma al reunir esos hilos en el desenlace, como ya se ha dicho anteriormente.

 

 

Fuente:



http://autorneto.com/referencia/domesticas/estudio/genero-policial/

 

jueves, 23 de octubre de 2014

Biografia de Jack Kerouac

Jean-Louis Kerouac (Lowell, Massachusetts 12 de marzo de 1922 - St. Petersburg, Florida 21 de octubre de 1969) fue un novelista y poeta estadounidense integrante de la Generación Beat.

Es considerado uno de los autores estadounidenses más importantes del siglo XX; la comunidad beat le reconoce como el «King of the Beats».1 Su estilo ritmado e inmediato, denominado por él mismo «prosa espontánea», ha inspirado a numerosos artistas y escritores, entre los que destaca el cantautor Bob Dylan. Las obras más conocidas de Kerouac, En el camino (On the Road), considerado el manifiesto de la beat generation, Los vagabundos del Dharma, Big Sur o El viajero solitario, narran de manera ficcional los viajes del autor a través de Estados Unidos. El género cinematográfico del road movie recibe una influencia directa de las novelas de Kerouac, especialmente en el ámbito de la técnica narrativa.

Jack Kerouac pasó la mayor parte de su vida entre los amplios espacios de EE. UU. y la casa de su madre en Lowell, en el estado de Massachusetts. Esta paradoja refleja en cierto sentido su modo de vida: enfrentado a los rápidos cambios de la época, le fue difícil encontrar un lugar propio en el mundo. Este desarraigo le llevó a rechazar los valores tradicionales de los años 1950, lo que dio lugar al movimiento beat. Sus escritos reflejan la firme voluntad de liberarse de las asfixiantes convenciones sociales de su época así como la búsqueda de un sentido a la existencia. Compañeros de esta búsqueda fueron las drogas, como la marihuana o la bencedrina, y el alcohol. La búsqueda existencial le lleva también a la religión y la espiritualidad, especialmente al zen (véase en Los vagabundos del Dharma su dedicatoria al poeta chan Han Shan). Todo ello en un continuo reanudarse de viajes a lo largo y ancho de Norteamérica.

«Jazz poet», tal y como se definía a sí mismo, Kerouac elogia las hazañas del amor (la pasión carnal es para él «la puerta del paraíso»), proclama la inutilidad de todo conflicto armado y considera que «sólo las personas amargas desprecian la vida». Jack Kerouac y sus escritos son así considerados los precursores del modo de vida de la juventud de los años 1960. Son una muestra de la joven Beat Generation «que hizo tambalearse las certitudes de la sociedad americana. Inspiró de manera directa tanto a los movimientos de mayo del 68 como a la oposición a la guerra del Vietnam, o a los hippies de Berkeley y Woodstock. Y sin embargo, a la vez, la Beat Generation enriqueció el mito americano. En el camino, la novela más conocida de Kerouac, es una oda a los grandes espacios, a la epopeya hacia el oeste, al descubrimiento de un nuevo mundo».2

Viajes de Jack Kerouac por Norteamerica.

Biografía

Primeros años

Su nombre original era Jean-Louis Kerouac (recibía el apodo de «Ti-Jean»). Nació el 12 de marzo de 1922 en el seno de una familia francocanadiense de padres quebequeses originarios de Bretaña3 instalados en la ciudad textil de Lowell, Massachusetts. Su padre, Léo Keroack (1889-1946), patrónimo que cambia a «Kerouac» al llegar a Estados Unidos, es impresor; es pariente del hermano Marie-Victorin (Conrad Kirouac), escritor y botánico quebequés. Su madre, Gabrielle-Ange Lévesque (1895-1972) es prima de René Lévesque, Primer Ministro de Quebec de 1976 a 1985. Léo Keroack y Gabrielle-Ange Lévesque contraen matrimonio en octubre de 1915.

Hasta los seis años, Jack Kerouac hablaba solamente el francés; aprenderá el inglés como segunda lengua en la escuela. Con cuatro años, asiste a la muerte de su hermano mayor Gérard, de nueve años, a causa de una fiebre reumática. Esta muerte es como «una herida que nunca podrá cicatrizar»4 y que le llevará más tarde a escribir Visions of Gerard en enero de 1956 (publicado en 1963).

Placa conmemorativa en honor a Jack Kerouac, en su ciudad natal, Lowell, Massachusetts.

Jack Kerouac pronto destacó como deportista practicando fútbol americano, ganando una beca para la Universidad de Columbia (Nueva York). Sin embargo, una lesión en su pierna y una discusión con su entrenador frustraron su carrera, por lo que se enroló en la marina mercante.

Escribía constantemente cuando estaba en tierra. Asentado en la ciudad de Nueva York, donde conoció a los otros miembros de la Generación Beat, como Allen Ginsberg, Neal Cassady y William S. Burroughs.

Pasó varios años tratando de encontrar un estilo propio, al que finalmente llamó prosa espontánea o «kickwriting». Cuando le preguntaban acerca de sus opiniones respecto de la escritura, no se esforzaba en hacer diferencias entre la prosa y la poesía. Sostenía que sus ideas se aplicaban tanto a uno como otro género, la espontaneidad como método traspasaba los límites de las formas de la escritura. Le gustaba decir que cuando estaba trabajando en una novela cada párrafo era un poema dentro de un extendido texto que flotaba en el mar de la lengua inglesa.

Su interés por las lecturas orientales y por el zen contribuyó mucho a que se empezaran a difundir en Occidente (véase, por ejemplo, su dedicatoria al poeta chino Hanshan en Vagabundos del Darma).

La fama acabó con el tímido alocado de Kerouac, que tenía la costumbre de presentarse borracho a las entrevistas para intentar superar el difícil trance de explicar la mística de las novelas que había escrito muchos años atrás y nadie se había atrevido a publicar.

Murió a los 47 años debido a un derrame interno, producto de una cirrosis. En su tumba se puede leer el siguiente epitafio «Ti-Jean, ha honrado la vida».

Le fue otorgado un doctorado póstumo por parte de la Universidad de Massachusetts.

En el camino ha sido llevada al cine con el mismo título por el director brasileño Walter Salles en 2012.5

Obras

Sus novelas más famosas son:

Obra poética

Referencias

1.       (en inglés) Artículo « Beat Generation Elders Meet to Praise Kerouac » por William E. Schmidt, 30 de julio de 1982.

2.       Traducción del francés del artículo de Élisabeth Guigou, «La beat generation et son influence sur la société américaine» in La revue des anciens élèves de l'École nationale d'administration, numéro hors-série, « Politique et littérature», décembre 2003, consulta online.

3.       El origen del apellido «Kerouac» o «Kirouac» fue un enigma hasta finales de los años 1990. El único antepasado en Nouvelle-France es Urbain-François Le Bihan de Kervoach, hijo del Notario Real, nacido en Huelgoat, Bretaña. Se identificó y firmó como Maurice-Louis-Alexandre Le Bris de Kervoach en su matrimonio con Louise Bernier, el 22 de octubre de 1732, en Cap-Saint-Ignace, en Quebec. El descubrimiento en el Quebec de los documentos de archivo firmados con sus dos apellidos ha permitido resolver el enigma, según la asociación de familias Kirouac. Nuevas investigaciones han permitido a la genealogista Patricia Dagier explicar las razones del cambio de apellido del antepasado de Jack Kerouac así como poder cerrar finalmente la pesquisa. Estas investigaciones han descubierto igualmente que Jack Kerouac, nacido y bautizado como «Jean-Louis Kerouac», había optado por cambiar de nombre declarando llamarse «Le Bris de Kerouac». Este dato, hasta ahora ignorado por la mayor parte de sus biógrafos, esclarece un parte de la vida y obra del escritor. Véase la biografía de Patricia Dagier y Hervé Quéméner, Jack Kerouac, Breton d'Amérique, Brest: Éd. Le Télégraphe, 2009

 

Jack Kerouac , Poemas



Mi amada que no quiere amarme...

Mi amada que no quiere amarme:
Mi vida que no puede amarme:
Las seduzco a ambas.

Ella con mis besos rotundos…
(En la sonrisa de mi amada la aprobación del cosmos)
La vida es mi arte…
(Protección frente a la muerte)
Así sin autorización vivo.
(¡Qué desgraciada teodicea!)

Uno no sabe—
Uno desea—
Lo que es la suma.

 



Es tu amigo, déjalo soñar...

Es tu amigo, déjalo soñar;
No es tu hermano, no es tu padre,
No es San Miguel, es un chico.

Está casado, trabaja, va a dormir
Al otro extremo del mundo,
Va a pensar en la Gran Noche Europea.

Le explico a él, a ti, mi camino no es el vuestro,
Niño, Perro —escucha: vete a buscar tu alma,
Vete a oler el viento, vete lejos.

La vida es una pena. Acerca el libro, vamos,
No escribas más en las paredes, en la luna,
La del Perro, en el mar, en el fondo nevado.

Vete a buscar a Dios en la noche, también en las nubes.
Cuándo se detendrá este gran círculo en el cráneo
¡oh Neal!; hay hombres, cosas, afuera que hacer.

Enormes tumbas tremendas de Actividad
En el desierto de África del corazón,
Los ángeles negros, las mujeres en la cama
con sus hermosos brazos abiertos para ti
en su juventud, suplicando algo de
Ternura en el mismo sudario.

Las grandes nubes de nuevos continentes,
Pies cansados en climas tan misteriosos,
No bajes hasta la otra parte para nada.



Ensueños para Ginsberg

Tendido de espaldas a medianoche
oyendo el extraño tañer maravilloso
de las campanas, y sé que es media—
noche y en ese instante el mundo
entero fluye a mi vista
en forma de hermosos enjam-
bres estúpidos de palabras...
todo está sucediendo, brillando
tierras de Buda, bhuti
inflamado de fe, sé que acertaré
siempre & todo lo que tengo
que hacer (cuando oigo las cotidianas
voces vivientes de damas hablando
en una cocina a medianoche
hule tazas de cacao
pastel desagüe del fregadero...) quiero
escribir esto, todas las conversaciones
de todas las partes del mundo,
esta mañana, de-
jando que se abran espacios entre paréntesis
para acompañar mis más íntimos
pensamientos —con rugidos de todo
mi cerebro— el mundo entero
rugiendo —vibrando— lo escribo,
a toda máquina, 1.000 palabras
(de páginas) comprimidas en un segundo
de tiempo —he estado
ataviado & peinado de oro en
el famoso atardecer griego
de alguna ciudad griega
Inmortal Fama & ellos
tienen que encontrarme donde encuentran
las vendas de mi
mortaja volando
bandera ondeando Lucien
Medianoche de vuelta a sus
bocas —Gore Vidal se confundiría
mucho, aburrido—
mis palabras serán escritas en oro
& guardadas en bibliotecas como
Finnegans Wake & Visions of Neal
1955



Lucien medianoche

Morir es éxtasis.
No soy un maestro, ni un
Sabio, ni un Roshi, ni un
escritor o profesor, ni siquiera
un vagabundo del dharma risueño, soy
hijo de mi madre & mi madre
es el universo—
Qué es este universo
sino un montón de olas
Y un deseo anhelante
es una ola
Perteneciente a una ola
en un mundo de olas
Entonces... para qué humillar
a ninguna ola?
Ven, ola, OLA!
El rebuzno del burro
brotando jijo
Es una triste sacudida solitaria
por tu amor
Amante ola

Y qué es Dios?

Lo inexpresable, lo inenarrable,

Alégrate en el Cordero, canta
Chistopher el Espabilado, que
me vuelve loco, porque
es tan espabilado, y yo soy
tan espabilado, y ambos
estamos locos.

No —¿qué es Dios?
Lo imposible, lo censurable
Incensurable Precio-dente
del Universo Pepsi-dente
Pero sin cuerpo & sin cerebro
sin ocupaciones y sin ataduras
sin velas y sin altura
nada sabio y nada espabilado
nada nada, nada no-nada
nada algo, no-palabra, sí-palabra,
todo, lo que sea, Dios
el tipo que no es un tipo,
la cosa que no puede ser
y puede
y es
y no es


Kayo Mullins siempre está gritando
y robándoles los zapatos a los viejos

La luna vuelve a casa borracha, catacrock,
Alguien le pegó con un orinal
El Mayor Hopple siempre está bufando
¡Coño! Blaf blaf y todo eso
Enseñando a los niños a volar cometas
Y rompiendo ventanas de fama

¡Pobre de mí! Lil Abner se ha ido
Su hermano está bien, Daisy Mae
y el Niño-lobo.

¿Y a quién le importa?
Los argumentos me ponen enfermo
todo lo que quiero es C'est Foi
Esperanza alguna vez
mierda en el árbol

Estoy cansado de que se rían de mí
y me hablen de imágenes enfermas
Ejem, cof cof
Creo que me desharé de todo esto
Se lo voy a dar al gato
1957



Un día estarás tumbado...

1
Un día estarás tumbado
allí en un delicioso trance
y de pronto una caliente
brocha enjabonada te será
aplicada en la cara
—lo tomarás a mal
—un día el
empleado de la funeraria te afeitará
2
Dulce amor monstruañoso
De los mimos de mamá
¡Eh!
Llama Dios a la Madre
Para detener esta lucha
3
Yo eso repetí & agoté
el metro & perdí 2 centavos
Yo que fui multado
Para ser gallardo
Y refinado
¡Ay!

Yo que fui
¡Aúúúú!
El búho
En la ventana
4
Vieja cagada de perro navajo, tú
tus bienes son los mejores
bienes que he visto nunca ¿por qué
parece loco tu perro
cuando ladra?

¡Eh, sabueso!
no te comas crudo ese conejo muerto
delante de mis narices
—caliéntalo un poco
1953-4? / 1968



Himno

Y cuando me mostraste el puente de Brooklyn
por la mañana
¡oh Dios!
Y la gente resbalando sobre el hielo de la calle,
dos veces,
dos veces,
dos personas diferentes
cruzan, yendo a trabajar,
tan dispuestas y confiadas,
abranzando su piadoso
Daily News mañanero
resbalan en el hielo & caen
ambas dentro de 5 minutos
y yo lloro, lloro
Eso es cuando me enseñas las lágrimas, ¡Ah
Dios! por la mañana,
¡Ah, tú!
Y yo apoyándome en el farol sollozando
ojos,
ojos,
nadie sabe que lloro
o no se preocupan de nada
pero ¡Oh! vi a mi padre
y la madre de mi abuela
y las largas filas de sillas
y lágrimas sentadas y muertas,
¡Ay de mí!, sé Dios que
tenías planes mejores que ése
Así que cualquier plan que tengas para mí
Extrema majestad
Haz que sea corto
breve
Haz que sea enérgico
llévame a casa a la Madre Eterna
hoy
A tu disposición de cualquier modo,
(y hasta entonces)
1959



Poema

Exijo que la raza humana
deje de multiplicar su especie
y se humille
lo advierto

Y como castigo & recompensa
por hacer este alegato sé
que renaceré
el último ser humano
Todos los demás muertos y yo
una anciana errando por la tierra
gimiendo en cuevas
durmiendo sobre harapos

Y a veces charlo, a veces
rezo, a veces lloro, como & guiso
en mi pequeña cocina
del rincón
"En cierto modo siempre lo supe"
digo
Y una mañana no me levanto de los harapos
1962



Los patos aplastados

En la parte trasera de la oscura tienda china
en la jaula de madera de los patos
con polvo de paja por el suelo, arroz
donde se apoyan los sacos de arroz,
más allá de la caja de los pollos

Todos los patos mueren
Lo mismo que los pollos-anguilas
—cuellos de pollos doblados
sobre barriles y cortan rebanadas de Samsara
el mundo del sufrimiento eterno con hojas
de plata tan finas como el hielo de Pekín

Tan gruesa & penetrable como la Muralla China
la oscuridad de arroz de esa tienda, judías,
té, cajas de pescado seco, soja,
algas secas, monedas de a ocho,
todo el globo por el suelo

Y las luces de la sonora Washington St.
Tilín, mortecinas, pipas de opio y gongs de guerra,
Tong, el arroz y el juego de naipes-y
Tibet el tibet el tin tin tin tin
la comida china se hace en la cocina
Jazz

Los patos aplastados en la oscuridad, miedo blanco,
mis ojos que reflejan esa licuefacción
¿y es que no entiendo el miedo de Buda?
¿el miedo del que despierta? Así que os prevengo
acerca de la medianoche de la medianoche

Y cuéntales a todos los niños el hermoso
relato mágico, locura múltiple, maya.
árboles mágicos y tristezas de
la niña, y la más pequeña de todos los
hermanos en el pesebre hecho de tiza
(azul en la luna)
Para los patos.
1956 / 1959?



Los santos budistas son santos incomparables

Los santos budistas son santos incomparables
Continuo galanteo de amor lechoso, lloriqueando
Y murmurando con voces amorosas por amor,
Por perfecta compasión misericordiosa
Sin hacer un falso movimiento
de acción,

Conmiseraciones perfectamente complacientes
Por todas las cosas sensibles que sufren.
Dulces santos pasivos
Esperando por tu Santidad
Ansiando tu eventual unión
En su brillante confraternidad.

Divinos perfectos. Puedo nombrar algunos.
Los que tienen nombre. Fueron santos
De la Religión del Despertar
Y No-Existencia.
Saben que vida y muerte
El conocimiento de la vida, la mudez de la muerte,
Son gemelos duales mutuamente opuestos
Concebidos en cada aspecto de la Verdad
Que es el eje en el Centro
Y dice: "Ni vida
ni muerte — ni existencia
ni no-existencia — sino la central
falta y ausencia de ambas".
1956?



Cómo meditar

—luces fuera—
caída, manos unidas, en instantáneo
éxtasis como un chute de heroína o morfina,
la glándula interior de mi cerebro descargando
el perfecto fluido alegre (Santo Fluido) cuando
me desnudo y fijo todas las partes del cuerpo
a un trance de inactividad —Curando
todas mis enfermedades —borrándolo todo —ni
siquiera un fragmento de un "Espero que tú" o un
lunático bocadillo de tebeo queda, sólo la mente
en blanco, serena, sin pensamientos. Cuando un pensamiento
brote llegando de lejos con su manifiesta
presencia de imagen, debes engañarlo y fuera con él,
quítatelo de delante, dríbalo, y
se desvanece, y el pensamiento nunca vuelve —y
con alegría comprendes por primera vez
"Pensar es justo lo mismo que no pensar—
Así que no tengo que pensar
nada
más"
1967



Un juego de palabras para Al Gelpi

Jesús se volvió loco un día
ante un albaricoquero.
Dijo: "Pedro, tú
el de la Santa Visión,
Ve y mira si el árbol está en sazón",
"El árbol todavía no está en sazón",
informó Pedro la Piedra.
"Entonces, ¡que se seque!"
Jesús quería un albaricoque.
Por la mañana, el árbol
se había secado,
Como la oreja en la agonía
del huerto,
Cortada por la espada.
Torpe.
¿Qué significa esta parábola?
Todos
ven mejor.
De hecho estás sorbiendo
Cuando tu vaso
está siempre vacío.
1966



Poema del 16 de Septiembre de 1961

Qué terriblemente triste me siento al pensar de mi madre
dormida en su cama
que algún día morirá
aunque ella se diga: "la muerte no debe preocuparnos,
después de esta vida empezamos otra"
Qué terriblemente triste me siento de todos modos—
Que no tenga vino que me haga olvidar mi diente cariado es
bastante malo
pero que todo mi cuerpo esté pudriéndose y el cuerpo de mi
madre se pudra
hacia la muerte, es tan enloquecedoramente triste.
Salí al amanecer puro: pero, por qué debería alegrarme
ante un amanecer
que levanta otro rumor de guerra,
y por qué debería estar triste: ¿no es por lo menos el
aire puro y fresco?
Contemplé las flores: una de ellas ha caído:
otra acaba de abrirse: ni una ni otra estaba
triste o alegre.
Súbitamente comprendí que todas las cosas sólo
van y vienen
incluido cualquier sentimiento de tristeza: también
se irá:
triste hoy alegre mañana: sobrio hoy borracho mañana
¿por qué inquietarse
tanto?
Todos en el mundo tienen defectos lo mismo que yo.
¿Por qué deprimirse? Es sólo un sentimiento que
viene y va.
Todo viene y va. ¡Qué extraordinario!
!Guerras dañinas existirán siempre!
Formas agradables se van también.
Ya que todo viene y va: ¿por qué estar triste?
¿o alegre?
Enfermo hoy sano mañana. Pero tan triste sigo
siendo el mismo.
Todo viniendo y yendo en todas partes,
los mismos lugares viniendo y yendo.
De cualquier modo todos terminaremos en el cielo,
juntos en esa dorada gloria eterna que he visto.
¡Oh! qué condenadamente triste es que no pueda
escribir bien sobre ello.
Esto es un intento a la fácil ligereza
de la poesía ciardiana.
Debería de hacerlo a mi manera.
Pero eso también se irá, las preocupaciones
acerca del estilo. Acerca de la tristeza.

¡Mi gatito ronroneando feliz odia
las puertas!
Y a veces está triste y silencioso,
nariz caliente, sollozos,
y un leve maullido doliente.
Allí van las aves, volando hacia el oeste
un momento.
¿Quién llegará a conocer el
mundo antes de que se vaya?
1962

 




Rimbaud

¡Arthur!
On t'appela pas Jean!
Nacido en 1854 maldiciendo en Charle-
ville, pavimentando así el camino para
el abominable impulso homicida
de Ardennes-
¡Vaya maravilla que dejó tu padre!
Después ingresaste en la escuela a los 8 años
-¡Un pequeño latinista hábil tú!
En octubre de 1869
Rimbaud escribe poesía
en francés griego-
Toma un tren escapando de casa

a París sin billete,
el milagroso guardafrenos mexicano
lo echa del rápido tren,
al Cielo, que
ya no recorre porque
el Cielo está en todas partes—
Sin embargo, intervienen
las viejas mariconas—
Rimbaud asombra a Rimbaud—
trenes en la verde Guardia
Nacional, orgullosa, desfilando
sobre el polvo con sus héroes—
esperando ser sodomizado
soñando con la última Chica.
—as ciudades son bombardeadas cuando
él mira & mira & muerde
sus degenerados labios & mira
con grises ojos la
Cercada Francia—

André Gill era precursor
De André Gide —
Largos paseos leyendo poemas
en los montones de heno de Genet —
El Vidente ha nacido,
El profeta desordenado lanza su
primer manifiesto,
pone colores a las vocales
& a las consonantes inquietante cuidado,
queda bajo la influencia
de las viejas hadas francesas
que le acusan de estreñimiento
de cerebro & diarrea
de la boca —
Verlaine le cita en París
con menos aplomo del que
tuvo para desterrar chicas a
Abisinia —
“¡Merde!”, grita Rimbaud
en los salones de Verlaine —
Cotilleos en París —la mujer de Verlaine
tiene celos de un muchacho
sin asiento para sus calzones
—El amor envía dinero desde Bruselas
—La madre de Rimbaud odia
la inoportunidad de Madame
Verlaine —el degenerado Arthur
se sospecha que es un poeta
ya —
Gritando en el granero
Rimbaud escribe Una temporada en el Infierno,
su madre tiembla —
Verlaine manda dinero & balas
A Rimbaud —
Rimbaud va a la policía
& demuestra su inocencia
semejante a la pálida inocencia
de su divino, femenino, Jesús
—¡Pobre Verlaine! 2 años
en el talego, aunque pudo haber
tenido un cuchillo en el corazón

¡Iluminaciones! ¡Stuttgart!
¡Estudio de idiomas!
A pie Rimbaud camina
& atravesando los Alpes
pasa a Italia, en busca
de tréboles, conejos,
Reinos de los Genios & delante
suyo nada excepto el viejo
Canaleto, muerte del sol
en viejos edificios venecianos
—Rimbaud estudia idiomas
—oye hablar de los Alleghanis,
de Brooklyn, de las últimas
Plagas Americanas —
Su hermana ángel muere —
¡Viena! ¡Mira los pasteles
& cuida viejos perros! ¡Supongo!
El muchacho loco se alista
en el Ejército Holandés
& navega a Java
mandando la flota
a medianoche
en la proa, solo,
nadie oye sus órdenes
pero todo lo mortecino brilla
en el mar – Agosto no es
época para quedarse en Java –
Dirigiéndose a Egipto, está otra vez
colgado en Italia así
que vuelve a casa
al profundo sofá
pero inmediatamente se marcha
de nuevo, a Chipre, para
dirigir una banda de pendencieros
trabajadores —a quién se parece
ahora, este Rimbaud
final? —Polvo de roca
& oscuras espaldas y toses secas,
el sueño surge en la mente
del francés africano —
Los inválidos de los trópicos
siempre son amados —El mar Rojo
en junio, el ruido de cadenas en la costa
de Arabia —Havar,
Havar, el mágico punto
Del comercio —Aden, Aden,
Sur de los beduinos —
Ogaden, Ogaden, nunca
conocido —(Entretanto
Verlaine se sienta en París
Sobre coñacs preguntándose
Qué aspecto tendrá Arthur ahora,
& cuán sombrías estarán
sus cejas puesto que creyeron
en la anterior belleza de las cejas) —
¿Quién se ocupa de eso? ¿Qué clase
de franceses son esos?
¡Rimbaud, golpéame en la
cabeza con esa roca!
Rimbaud el serio compone
elegantes & eruditos artículos
para Sociedades Geográficas
Nacionales, & después de las guerras
devuelve a la chica Harari
(¡Ja! ¡Ja!) a Abisinia,
& ella era joven, tenía ojos
negros, finos labios, cabello
ondulado, & pechos de moreno
pulido con pezones de cobre
& brazaletes & unía
las manos en la espalda
& tenía hombros tan anchos
como los de Arthur, & pequeñas orejas

— Una joven de cierta
casta, en Bronzeville —

Rimbaud también conoce
a polinesias de pequeños huesos
con largos cabellos en desorden
& breves pechos & grandes pies

Finalmente empieza
a comerciar ilegalmente con armas
en Tajura
conduciendo caravanas, loco,
con un cinturón de oro
alrededor de la cintura —
¡Obligado por el Rey Menelek!
¡El Sha de Shoa!
¡Los sonidos de estos nombres
en aquella ruidosa mente
francesa!

El Cairo por el verano,
viento de limones amargos
& besos en el parque polvoriento
donde las chicas sentadas se abrazan
al polvo pensando
en nada —

¡Havar! ¡Havar!
En litera hasta Zeyla
Llevado lamentando su
cumpleaños – el barco
regresa al castillo de yeso
Marsella más triste que
el tiempo, que el sueño,
más triste que el agua
—Carcinoma, Rimbaud
es comido por la enfermedad
final —Le cortan
su hermosa pierna —
Muere en los brazos
de Isabelle
su hermana
& antes de subir al Cielo
manda sus francos
a Djami, Djami
el muchacho Haravi
su criado personal
8 años en el Infierno
africano del francés,
& todo eso sumado a
nada, como

Dostoiewski, Beethoven
O Da Vinci —
Así, los poetas, duran un rato
& se callan:
Nada siempre procede
de nada.
1960



Longevidad del alto muerto

Longevidad del alto muerto
Viejo Coyote
Feo viejo distinguido
bufando barbilla ojo crujiendo
Hueso rostro grueso McGee
Entre antiguas lluvias sentado junto a
nuevos fuegos
Imaginando indeseadas, de antemano
condenadas Odas presupuestas
—alto muerto
vagabundo del fondo del río
Rijoso
Alabado
Guardafrenos vagabundo
Vino latas arena asexuado
Silencio muerte tumba
Pirámide sepultura serpiente Satanás
1952?



Sentado bajo el árbol número dos

Sin embargo, los expresables,
la sencilla arpa musical
verde azulado del arcoiris
trémula luz de una telaraña—
las hebras flotando
al viento, azul &
plata a intervalos
que aparecen & desaparecen—
7 canciones a lo largo del límite
probando su firmeza
como aves arremolinándose sobre
aquellos árboles macizo castillo
poblado de canciones
—rotes imaginarios en mi
ojo moviéndose por la
página con el concreto arcoiris
aceitoso en agujeros del agua &
límites de oro batido,
con sapos de plata
vieja.
Dorada hormiga veloz vuelve
al heno ahora extendiendo
sus antenas a través del
matorral del tiempo luego
vibrando por el barro en busca
de más árboles—
Una hormiguita me muerde el culo
& yo dije ¡Ay! Con
mi carga de goma —
Pica & el dolor termina
En odio del tiempo &
Tedio ¡Sálvame!
¡Mátame!
1959




Una maldición al demonio

Lucifer Sansfoi
Lacayo Sansfoi

Rito judío Perdieu
I. B . Perdie
Billy Perdy

Desenrrollaré tus
intestinos desde Durham
a Dover
y los enterraré
en Clover—

Tus salmos te los he
grabado
en los dientes—

Tus victorias
dsvanecidas—
Estás enjaulado bajo
la falda de una mujer
de piedra—

Ciega mujer de piedra
sin intestinos
y sólo con una balanza—

Que tus pensamientos & cartas
entre cerveza vayan a
una Beth (tumba, en gaélico)

Que tus filosofías
te broten de la nariz
de nuevo—

Que tus secretos
y ensayos sean colgados
en salas de baile
de puñal
a puñal

Que tu réquiem
final sea con
martillos—
Que tu secreto
esencial quede enroscado
a botones de oro
& agonizando

Que tu guía para 32
ciudades europeas
quede cubierta de costras en Isaías
—ue tu barba roja
algo snob desaparezca entre
ruinas de dolmen
de las ediciones
de Blake—

Que tus santos y
consuelos sean arrebatados
—un manual
enrollado en una
urna—

Y tu padre
y tu madre se manchen
al pensar en ti
el inagotable nunca engendrado
cosechador de gusanos
—tú yaciendo
allí, tú
reina por un
día, esperando
que las “brumas
del pantano”
se echen sobre ti

Que tu dulce belleza
sea descubierta por el Innombrable
en su escondite

sésamo untuoso
sale de ti
de la ausencia
de salida,
tendón, todo
lo demás-
Temblorosa jerga
cementerio ¡Uuh!

Que el hospital
que te entierre
sea Baal,
el enterrador
Yorrick
& el que te eche la tierra encima
un mulero—

Que tu perfil
en otro tiempo
como el de la Garbo,
se confunda con la tierra—
anguilas de un
fiordo
infernal—

Y que tu tímida
voz sea
estrangulada
por el polvo
para siempre.

Que las nubes de la
promesa de Noé
se licuen en pena
sobre ti—

Que tiza roja
sea tu centro
& quedes unido a cuellos
de cerdos, verracos,
estafadores y ladrones
& ardas con
Stalin, Hitler
& los demás—

Que te muerdas
el labio para que
no puedas
reunirte con Dios
o
Que me pegue un editor
—mén

El limosnero,
su taza no tiene
fondo,
ni yo
un límite.

Demonio, vuelve
a las cavernas bermejas.
1965

Generación beat

El término Generación Beat (en inglés: Beat Generation) se refiere a un grupo de escritores estadounidenses de la década de los cincuenta, así como al fenómeno cultural sobre el cual escribieron. Algunos elementos definitorios son el rechazo a los valores estadounidenses clásicos, el uso de drogas, una gran libertad sexual y el estudio de la filosofía oriental. Esta nueva forma de ver las cosas dejó su principal influencia y legado en la posterior contracultura o movimiento hippie.

Sus principales obras literarias son Aullido de Allen Ginsberg (1956), En el camino de Jack Kerouac (1957) y El almuerzo desnudo de William S. Burroughs (1959). Recientemente se ha publicado en español "Cartas", correspondencia mantenida durante años entre Ginsberg y Kerouac.1

Historia

Se conoce como Beat Generation a un movimiento literario formado por un grupo de amigos que desde mediados de los años cuarenta habían trabajado juntos escribiendo poesía y prosa, y que compartían una idea de cultura y aficiones o fuentes de inspiración similares, tales como el jazz.

El grupo inicial estaba formado por Jack Kerouac, Neal Cassady, William Burroughs, Herbert Huncke, John Clellon Holmes, y Allen Ginsberg. En 1948 se unieron Carl Solomon y Philip Lamantia, en 1950 Gregory Corso y en 1954 Lawrence Ferlinghetti y Peter Orlovsky.

La palabra beat entre la comunidad afroamericana tenía el significado previo de cansado, o abatido, "beat down".

La propuesta de su uso para denominar esta comunidad de amigos y escritores surge durante una conversación entre Jack Kerouac y John Clellon Holmes en 1948, en la que Kerouac recuerda haber oído la expresión de Herbert Huncke, un conocido personaje de la época de vida marginal. La intención de sus miembros no era la de nombrarla, sino la de "desnombrarla". A la difusión del término también contribuyó que a finales de 1952 apareciera en el New York Times Magazine un artículo de John Clellon Holmes titulado "This is the Beat Generation".

Pero el término comenzó a utilizarse de tal manera, que en 1959 Kerouac consideró necesario sugerir otro sentido a la palabra beat, indicando sus relaciones con "beatitud" ("upbeat") y "beatífico". Según el autor, el movimiento estaba atraído por la naturaleza de la conciencia orientada a la comprensión del pensamiento oriental, prácticas de meditación, etc.

Como reacción y con la intención de parodiar y desprestigiar el movimiento beat, en 1958 apareció el término "beatnik", producto de la fusión de las palabras "beat" y "Sputnik", sugiriendo una condición antiestadounidense y comunista del movimiento beat.

Allen Ginsberg, uno de sus integrantes más famosos, observaba en el prólogo al libro The Beat Book, editado por Anne Waldman y Andrew Schelling, otro posible significado: "acabado", "completo", en la noche oscura del alma o en la nube del no saber. E incluso "abierto", en el sentido whitmaniano de "apertura a la humildad".

Entre la generación beat podemos encontrar también la presencia de las mujeres, muchas de ellas fueron tratadas con gran dureza por la sociedad americana de esa época; el discurso transgresor del movimiento contrastaba con la época conservadora en E.U. haciéndose más evidente y marcado en la mujer. Si Poetas Beat como Allen Ginsberg eran tratados con rudeza por las autoridades, más señalado y represivo sucedió con las mujeres. Cuenta Gregory Corso que la represión social llegó al extremo que algunas de ellas fueron internadas en hospitales psiquiátricos por sus familiares y tratadas con electrochoques. Hubo también muertes trágicas como la de Elise Cowen que se suicidó arrojándose de la ventana de su departamento o Joan Vollmer Adams asesinada de un balazo por su esposo William Burroughs

Las mujeres beat, vivían en la intensidad situacional del movimiento, esta poesía muestra una postura descarada y libertaria ante las formas moralistas de la época, su trabajo poético muchas veces exalta la libertad sexual y sus adicciones a los excesos, provocando el escándalo.

Entre las poetisas beat más importantes se encuentran Diane di Prima, Diane Wakoski, Leonore Kandel, Marge Piercy, Denise Levertov, y Elise Cowen.

Influencia cultural

Su estética fue absorbida por la cultura de masas y por la clase media hacia finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. En el camino, por ejemplo, se convirtió en una obra de culto de la juventud.

Su canto a la liberación espiritual derivó hacia una liberación sexual que hizo de catalizador en los movimientos de liberación de la mujer y de los negros, el ascenso de la contracultura hippie e indirectamente a la liberación de los homosexuales.

También influyó a un gran número de personajes de la cultura americana, en especial a músicos como Bob Dylan, Lana Del Rey, Tom Waits, Tuli Kupferberg,The 1975, Jim Morrison, Arthur Lee, Janis Joplin.